jueves, 2 de septiembre de 2010

De cuando no te veo

No, quizás.
Y si pasaras frente a mí otra vez, te robaría, lo juro, más que los ojos, el alma

Porque ya me has tenido muchas veces y solo lo reconozco en el final.


Si, tal vez.

Y si me besaras otra vez, te arrancaría, sin duda, más que los labios, el corazón
Porque ya te he tenido tantas veces y solo lo percibes en el principio.


Sigue, pon fin.
Me recuesto sobre momentos serenos, recubierto con el manto de tus besares
Desearía poder verte completa, sencilla, real, mía.

martes, 10 de agosto de 2010

15.45 Hrs. Soñador de 40º. (De los vicios II)

Del fondo claro de algún tiesto vidrioso,
resurge el aliento dulce de un brebaje común,
es otra invitación a un paraíso borroso, barroso,
es el sendero simple trazado con humo y sal.

/vaso vacío/
Solo se precisa a la dama aquella,
que envuelve en espumas a los idiotas noveleros
y embriaga en blandas alegrías a los ojos cansados.
A ella y a la serenata, que se impone por llantos ebrios
retorcidos y mezclados de risas, sones de no amor.

/humo propio/
Que tampoco descanse hoy,
el cielo gris de luciérnagas grises
que dentro de blancas cajas claman arder
y llaman a opacar los arco iris flotantes
que se han hilvanado en las espaldas de la impaciente urbe.

/tapas en el suelo/
Del fondo dulce de un suelo poco nuevo,
levanta tranquilo el descoordinado ritmo al cuerpo
acosado de sillas aladas, inquietas, discretas.
Se deleita el amanecer de tener entre su jardín
espías oscurecidos y caminantes vulgares
que a horas negras ya parecen miles,
compañías bravas de brazos extendidos
que alzan consigo alguna frase mal dictada,
en algún mal paisaje,
en algún mal día,
en contra tuya.

/llaves y sábanas/
Llegué.

martes, 3 de agosto de 2010

De los vicios

Escaleras arriba, tú, boca, piel, dominada.
Talvez no haya necesidad de hablar.
Dos pasos atrás, dos adelante tu aroma.
Envuelta en lunas, en pared, en blanca tela.
Hoy no pararé.

Puerta cerrada, tú, elegante, dulce, rendida.
Dedos a tu espalda, aliento a tu cuello.
La ropa se hace cómplice.
Hoy no me frenarás.

Al gentil contacto, lento, muerte suave,
vicio de calidez constante, pausada.
Al movimiento, roce,
tiemblan las estrellas tibias,
recorridas con ternura.

Elixir tinto para saciar el cuerpo.
Deseo, se van las caricias en ti, toda.
Mujer, al fin, devorada por amor ebrio.
Escaleras abajo, puerta abierta.
Hoy ya no estoy.

lunes, 19 de julio de 2010

Capitulo tercero \ Mil y una.

Mil huellas y mil sombras transitan el pasillo, mil palmas al aire en cortesía barata, de eso ayer, hoy son mil y una, hoy son ella y mil, hoy es ella y él. Hoy todo se ha vuelto blanco, negro, transparente, todo se ha vuelto nube y ella flota por sus esquinas, todo se ha vuelto ella.

- El : ¿Te volveré a ver mañana?
- Ella : Siempre estoy aquí
- El : Pero no para mí.

Sobre almohada, la cabeza; sobre el pecho, el vacío. Fueron cientos los minutos que se marcharon en el entrecerrar de ojos soñadores, fueron cientos los gritos ciegos que se secaron, fueron incontables los latidos filtrados de un dolor calmo, hoy, por ella, han vuelto.
Amanece y ya no está el sueño simple, amanece y ya no está, el aroma dulce de una boca susurradora de risas hermosas, el aliento calido de una piel bordada de paz, amanece y solo está, la verdad.
Su comedia, la victimaria. Soñar puede ser un intento de escapar, rescatando en lo profundo, el engaño.

- El : No entiendo
- Ella : Aún estoy para ti
- El : Hasta mañana.

Acaba, los ojos ya saben mentir un adiós, será sencillo inventar el odio, será sencillo perdonar el silencio, serán, hoy, solo mil esta tarde, en el pasillo de mil huellas y mil sombras, en el pasillo de el y ella, serán mil y uno.

martes, 2 de febrero de 2010

Capitulo segundo \ La invitación.




Era la fiesta de muchos, la celebración de unos cuantos y la alegría de nadie. Era la maravilla de reencuentros programados y la rutina de un saludo. Allí todos miraban, esperando expectantes la aparición de un tercero que contara la historia de un cuarto.
Él en tanto actuaba atraído por las luces que unos cuantos invitados producían entre abrazos y saludos, atraído como mosquito en busca del halo de una lámpara.
Y así transcurrió el segundero, como salando las horas para que parecieran mas apetecibles en su final, pero no fue sino hasta el epilogo, mientras las botellas reclamaban su sed y los vasos se deleitaban de besos agrios, que, invitada por el ruido de los ojos entre las espaldas de otros, apareció ella.
Mientras transcurrían las estrofas de alguna canción barata, ella se aproximó a él con la mirada anclada, direccionada a culpar de algo inesperado, como el beso en la mejilla que dejó caer sobre el muchacho estando ya frente a él.

- Ella : Estás aquí, pensé que no encontraría a nadie de mi agrado en éste lugar, tan vacío y hediondo a cinismo.
- El : Soy el dueño de éste lugar, hoy.

La palma derecha de él de pronto se vio atada a la de ella, empujándolo unas zancadas más lejos de la tropa, hacia un rincón, amargo de humo, dulce de oscuridad, cercado de espaldas.

- Ella : Por favor abrázame, fúndeme en tus brazos, hazme olvidar con tu boca el sabor del vino que he bebido en honor a hombres que no han sido tales. Mezcla tu pecho al mío, intercambia el latente y fuerte corazón tuyo por el mío que parece estar necesitando un segundo respiro.
- El : ¿Cómo te llamas?

Capitulo primero \ La opción del si.

Eran las mil de la noche, o eso parecía, los murmullos del viento contra el pensamiento de ambos parecían marcar aún más la noche, dejando aflorar solamente el silbido blando de los suspiros.

- Ella : ¿Estás sólo?
- El : Siempre lo he estado
- Ella : ¿Quieres cambiar eso?
- El : No sé.

Desde la altura de unos pisos las luces de aquel rincón de la cuidad mostraban un cemento plagado de porquerías, indicando con su luz lo que no se debe ver, cemento rugoso, pisado muchas veces por sangre y por borracho odio.
Nocturnos ojos amarillos acompañaban la visión, ojos de una urbe que pocas veces habían acariciado la espalda del muchacho, quien, pese a su pertenencia a ese pueblo idiotizado, prefería los rincones negros de cuartos acolchados.
Cuando el chico comenzaba a acostumbrarse a esa rutina, la niña, ya enraizada, decidió cantar en susurros un adiós artificial, pues sus manos seguían atadas a las de él así como los ojos de éste permanecían enroscados a los labios de ella.

- Ella : ¿Me quieres?
- El : No sé.

El silencio se ejecutaba con armonía perfecta, las sinfonías del viento nocturno producían el danzar de unas tenues sombras sobre ellos, como tratando de hacerse sentir, como buscando ser participes del mundo táctil, al cual estaban sentenciados a no asistir.

Ambos sabían exactamente que hacer esa noche.-

jueves, 28 de enero de 2010

De las noches


Con los parpados deseosos de abrazar las plumas cercadas de mi almohada

envuelto en lienzos blancos y acolchados como nubes bordadas;

con la luz canela de artificiales velas que he plantado en mi paradero

y los ruidos sobrios de otra noche inmóvil e insociable;

Con la calidez inmutable alojada en mis murallas

y la resistencia etérea de una ventana esparcida;

Con las voces terceras gritando suave dentro de mis sienes

y los oidos trenzados con habladurías baratas;

Con mis ojos respirando el miedo guardado en un negro cuadrado

Con el ayer quitando sueños ya contemplados mil veces

Con los suaves comportamientos de momentos,

actos heroicos de un mártir crónico,

Con lo justo de una hora y sus dias;

Con todo y aun sin ello,

te sueño.

Tu.


Mujer ya déjeme solo, más no tanto,
por que mis parpados reclamaran tu ausencia.
Déjeme pero por un momento tan solo,
el resto del tiempo yo te borraré,
aunque estés de frente a mis llagas craneales.
Mujer, casi niña, casi madre, casi mía,
acérquese ahora, que ya estas mejor y yo no.
Mujer, véame ahora como otro infante,
sin interés alguno en quererte
sino de tener tu protección,
tu compañía silenciosa y brava.
Niña, véame mas allá de mis dedos retorcidos
irrealidades absurdas,
muñecos de momentos vagos,
suplentes de mi ocio.
Mas ahora que te tengo medianamente lejos,
como quiero, como quieres, como imagino que quieren,
no habrá por que buscarnos,
disponibilidad fortuita, falsa, creada de dependencia.
Ilusión máxima en mis volátiles unidades pensantes,
creación de un tu innegable,
rodeada de hermosas melodías,
pintada de magnos colores no existentes,
mezcla bella de mis gritos y tu silencioso reir.
Dame de tu vida mujer pero de a poco,
casi con nada me has de contentar,
pero mantente lejos, como quiero, como quieres,
como creemos que quieren.
Mujer, que has dado de ti lo que menos he pedido,
aléjese de mi brazo
que en su hombro se ha querido recostar ya tantas veces,
y que en filosas navajas pareciesen convertirse
al contacto de tu material piel blanca
llena de lo que odio,
llena de ti y yo.