martes, 21 de agosto de 2012

Banca.-


La verdad de las preciosas es que siempre están lejos

Son más grandes y potentes que la tristeza plena

Lo justo de la felicidad de ellas, es su seguridad

Las horas de sus peleas, son los cansancios del odio.

El sol cubre a las preciosas, tranquilas.

Roban de las otras muchachas los colores del ave.

Quédate conmigo preciosa, vete al sueño de los dos.

Que no se hable más preciosa, en la banca están tus colores

La verdad de las preciosas es que siempre están lejos

Menos a la que espero en éste banco,

Resguardando su sol.-

Veo.-


Es tiempo de volver

Es de retornar a ruidos limpios por momentos,

De incluir en líneas los lemas de otros pasajes,

Es de mezclar los ojos con las frentes foráneas, intrusas.

Es tiempo de volver a jugar con la sangre latida,

De golpear mis uñas con las sutilezas del pasar.

Cuando me presten los minutos de las velas,

Cuando me rindan los gritos de un can,

Entonces, y solo entonces,

Será el tiempo verdadero de verte.

Te veo, es tiempo de volver.

jueves, 2 de septiembre de 2010

De cuando no te veo

No, quizás.
Y si pasaras frente a mí otra vez, te robaría, lo juro, más que los ojos, el alma

Porque ya me has tenido muchas veces y solo lo reconozco en el final.


Si, tal vez.

Y si me besaras otra vez, te arrancaría, sin duda, más que los labios, el corazón
Porque ya te he tenido tantas veces y solo lo percibes en el principio.


Sigue, pon fin.
Me recuesto sobre momentos serenos, recubierto con el manto de tus besares
Desearía poder verte completa, sencilla, real, mía.

martes, 10 de agosto de 2010

15.45 Hrs. Soñador de 40º. (De los vicios II)

Del fondo claro de algún tiesto vidrioso,
resurge el aliento dulce de un brebaje común,
es otra invitación a un paraíso borroso, barroso,
es el sendero simple trazado con humo y sal.

/vaso vacío/
Solo se precisa a la dama aquella,
que envuelve en espumas a los idiotas noveleros
y embriaga en blandas alegrías a los ojos cansados.
A ella y a la serenata, que se impone por llantos ebrios
retorcidos y mezclados de risas, sones de no amor.

/humo propio/
Que tampoco descanse hoy,
el cielo gris de luciérnagas grises
que dentro de blancas cajas claman arder
y llaman a opacar los arco iris flotantes
que se han hilvanado en las espaldas de la impaciente urbe.

/tapas en el suelo/
Del fondo dulce de un suelo poco nuevo,
levanta tranquilo el descoordinado ritmo al cuerpo
acosado de sillas aladas, inquietas, discretas.
Se deleita el amanecer de tener entre su jardín
espías oscurecidos y caminantes vulgares
que a horas negras ya parecen miles,
compañías bravas de brazos extendidos
que alzan consigo alguna frase mal dictada,
en algún mal paisaje,
en algún mal día,
en contra tuya.

/llaves y sábanas/
Llegué.

martes, 3 de agosto de 2010

De los vicios

Escaleras arriba, tú, boca, piel, dominada.
Talvez no haya necesidad de hablar.
Dos pasos atrás, dos adelante tu aroma.
Envuelta en lunas, en pared, en blanca tela.
Hoy no pararé.

Puerta cerrada, tú, elegante, dulce, rendida.
Dedos a tu espalda, aliento a tu cuello.
La ropa se hace cómplice.
Hoy no me frenarás.

Al gentil contacto, lento, muerte suave,
vicio de calidez constante, pausada.
Al movimiento, roce,
tiemblan las estrellas tibias,
recorridas con ternura.

Elixir tinto para saciar el cuerpo.
Deseo, se van las caricias en ti, toda.
Mujer, al fin, devorada por amor ebrio.
Escaleras abajo, puerta abierta.
Hoy ya no estoy.

lunes, 19 de julio de 2010

Capitulo tercero \ Mil y una.

Mil huellas y mil sombras transitan el pasillo, mil palmas al aire en cortesía barata, de eso ayer, hoy son mil y una, hoy son ella y mil, hoy es ella y él. Hoy todo se ha vuelto blanco, negro, transparente, todo se ha vuelto nube y ella flota por sus esquinas, todo se ha vuelto ella.

- El : ¿Te volveré a ver mañana?
- Ella : Siempre estoy aquí
- El : Pero no para mí.

Sobre almohada, la cabeza; sobre el pecho, el vacío. Fueron cientos los minutos que se marcharon en el entrecerrar de ojos soñadores, fueron cientos los gritos ciegos que se secaron, fueron incontables los latidos filtrados de un dolor calmo, hoy, por ella, han vuelto.
Amanece y ya no está el sueño simple, amanece y ya no está, el aroma dulce de una boca susurradora de risas hermosas, el aliento calido de una piel bordada de paz, amanece y solo está, la verdad.
Su comedia, la victimaria. Soñar puede ser un intento de escapar, rescatando en lo profundo, el engaño.

- El : No entiendo
- Ella : Aún estoy para ti
- El : Hasta mañana.

Acaba, los ojos ya saben mentir un adiós, será sencillo inventar el odio, será sencillo perdonar el silencio, serán, hoy, solo mil esta tarde, en el pasillo de mil huellas y mil sombras, en el pasillo de el y ella, serán mil y uno.

martes, 2 de febrero de 2010

Capitulo segundo \ La invitación.




Era la fiesta de muchos, la celebración de unos cuantos y la alegría de nadie. Era la maravilla de reencuentros programados y la rutina de un saludo. Allí todos miraban, esperando expectantes la aparición de un tercero que contara la historia de un cuarto.
Él en tanto actuaba atraído por las luces que unos cuantos invitados producían entre abrazos y saludos, atraído como mosquito en busca del halo de una lámpara.
Y así transcurrió el segundero, como salando las horas para que parecieran mas apetecibles en su final, pero no fue sino hasta el epilogo, mientras las botellas reclamaban su sed y los vasos se deleitaban de besos agrios, que, invitada por el ruido de los ojos entre las espaldas de otros, apareció ella.
Mientras transcurrían las estrofas de alguna canción barata, ella se aproximó a él con la mirada anclada, direccionada a culpar de algo inesperado, como el beso en la mejilla que dejó caer sobre el muchacho estando ya frente a él.

- Ella : Estás aquí, pensé que no encontraría a nadie de mi agrado en éste lugar, tan vacío y hediondo a cinismo.
- El : Soy el dueño de éste lugar, hoy.

La palma derecha de él de pronto se vio atada a la de ella, empujándolo unas zancadas más lejos de la tropa, hacia un rincón, amargo de humo, dulce de oscuridad, cercado de espaldas.

- Ella : Por favor abrázame, fúndeme en tus brazos, hazme olvidar con tu boca el sabor del vino que he bebido en honor a hombres que no han sido tales. Mezcla tu pecho al mío, intercambia el latente y fuerte corazón tuyo por el mío que parece estar necesitando un segundo respiro.
- El : ¿Cómo te llamas?