
Mujer ya déjeme solo, más no tanto,
por que mis parpados reclamaran tu ausencia.
Déjeme pero por un momento tan solo,
el resto del tiempo yo te borraré,
aunque estés de frente a mis llagas craneales.
Mujer, casi niña, casi madre, casi mía,
acérquese ahora, que ya estas mejor y yo no.
Mujer, véame ahora como otro infante,
sin interés alguno en quererte
sino de tener tu protección,
tu compañía silenciosa y brava.
Niña, véame mas allá de mis dedos retorcidos
irrealidades absurdas,
muñecos de momentos vagos,
suplentes de mi ocio.
Mas ahora que te tengo medianamente lejos,
como quiero, como quieres, como imagino que quieren,
no habrá por que buscarnos,
disponibilidad fortuita, falsa, creada de dependencia.
Ilusión máxima en mis volátiles unidades pensantes,
creación de un tu innegable,
rodeada de hermosas melodías,
pintada de magnos colores no existentes,
mezcla bella de mis gritos y tu silencioso reir.
Dame de tu vida mujer pero de a poco,
casi con nada me has de contentar,
pero mantente lejos, como quiero, como quieres,
como creemos que quieren.
Mujer, que has dado de ti lo que menos he pedido,
aléjese de mi brazo
que en su hombro se ha querido recostar ya tantas veces,
y que en filosas navajas pareciesen convertirse
al contacto de tu material piel blanca
llena de lo que odio,
llena de ti y yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario