No vengas cuando esté muerto
A derramar inocentes lágrimas sobre mi tumba,
A pisotear alrededor de mi cabeza caída.
Atormentar el infame polvo no nos salvará;
Deja que el viento me acaricie y que las aves me lloren,
Pero tú, aléjate.
Niña, si esto fuera un error o un crimen,
Poco me importa, siendo mi existencia maldita;
Enlaza tu mano con quien desees,
Pues cansado estoy del tiempo,
Y mi único anhelo es descansar.
Pasa, corazón débil,
Y abandona este lecho de tierra.
Aléjate, no retornes jamás.
Ya no alcanzan los tiempos prolongados, lo tortuoso de un día pareciera ser el sabor más dulce de un epílogo indeleble; la luna avara, por su parte, no negocia un canje de mil pestañeos por su luz, sin la opción única de mil angustias como aval. Lo que realmente asusta, es el poco miedo a que en un futuro importe, cuando comienzen a preocupar las despreocupaciones.
martes, 11 de noviembre de 2008
no vengas cuando esté muerto
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