Brinda por mí sólo con los ojos
Y yo haré un brindis con los míos,
O soltaré un beso en la copa,
Y no pediré mas vino.
La sed que nace del alma
Reclama un vino divino,
Y aunque pudiese beber el néctar de Jove,
No lo cambiaría por el tuyo.
Una guirnalda de flores te fue enviada,
No tanto para honrarte
Sino para darle la esperanza
De que no se marchitará;
Más sobre ella apenas respiraste
Y la enviaste de nuevo hacia mí;
Desde entonces crece y huele, lo juro,
No a sí misma, sino a ti.
Ya no alcanzan los tiempos prolongados, lo tortuoso de un día pareciera ser el sabor más dulce de un epílogo indeleble; la luna avara, por su parte, no negocia un canje de mil pestañeos por su luz, sin la opción única de mil angustias como aval. Lo que realmente asusta, es el poco miedo a que en un futuro importe, cuando comienzen a preocupar las despreocupaciones.
domingo, 16 de noviembre de 2008
tinto elixir
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